En agosto, QuantumBlack, la división de inteligencia artificial de McKinsey, publicó The State of AI in 2026: On the Road to ROI, con una encuesta a 1.719 directivos de 97 países, hecha entre el 4 de mayo y el 8 de junio de 2026. Conviene leerla con una salvedad: McKinsey vende asesoría e implantación de IA a las mismas empresas que encuesta, así que tiene interés comercial en el relato de la oportunidad pendiente. Aun así, sus cifras centrales han sido recogidas sin objeción por TechTarget, un medio especializado sin ese interés, y pintan un cuadro difícil de discutir: la adopción se ha estancado, con el 89 % de las empresas usando IA en alguna función frente al 88 % de 2025, mientras la expansión por toda la organización sigue subiendo, del 38 % al 44 %. Lo que no se mueve es el dinero: solo el 37 % de las organizaciones atribuye a la IA un efecto positivo en el beneficio, la misma cifra que el año pasado, y solo el 6 % entra en la categoría que McKinsey llama de alto rendimiento, definida como atribuir a la IA al menos un 5 % del beneficio con un efecto relevante. Esa cifra del 6 % lleva dos años sin moverse.
El hueco no está en la tecnología, está entre la persona y la cuenta de resultados. El 80 % de quienes respondieron dice que la IA les hace más productivos y el 50 % dice que le ayuda a decidir mejor, sensaciones que cualquiera que use estas herramientas a diario reconocerá. Pero esa ganancia individual no está llegando, salvo en ese 6 %, al balance de la empresa. TechTarget lo resume con una imagen útil: la adopción corre, el retorno financiero apenas avanza a paso lento.
Qué separa a ese 6 %
Según el análisis de TechTarget sobre el informe, el rasgo que más distingue a las empresas de alto rendimiento es haber rediseñado el flujo de trabajo alrededor de la IA, algo que hace cerca de tres de cada cuatro de ellas, frente a una de cada cuatro en el resto. No se trata de dar la herramienta a la gente para que la use como quiera sobre el proceso de siempre, sino de cambiar el proceso. El tamaño también pesa, aunque de forma desigual: entre las empresas con más de 1.000 millones de dólares de ingresos, el 40 % ya expande agentes de IA por la organización, frente al 27 % de hace un año, mientras las empresas más pequeñas se quedan estancadas en el 22 %, probablemente porque cuentan con menos presupuesto y personal dedicado para sostener el rediseño. El coste, además, sigue frenando a una de cada cinco organizaciones, lo que sugiere que parte de la factura de preparar datos, integrar sistemas y mantener la IA en marcha no se está contando al calcular el retorno.
Qué hacer antes de comprar más licencias
- Decida de antemano qué línea del balance debe moverse. Antes de ampliar un contrato, escriba qué cifra de negocio, coste o tiempo tiene que cambiar y en cuánto. Si nadie puede nombrar esa cifra, lo que se está comprando es sensación de productividad, no beneficio.
- Rediseñe el proceso, no lo pegue encima del de siempre. Dar la herramienta a la gente para que redacte más rápido lo mismo que ya hacía rara vez cambia el resultado. El salto aparece cuando se quita un paso entero del proceso o se cambia el orden en que se hace el trabajo, no cuando se acelera un paso que sigue igual.
- Dedique presupuesto y personas fijas, no un experimento de un trimestre. Las empresas grandes del informe avanzan más porque tratan la IA como una línea de negocio con gente dedicada, no como una prueba paralela. Una empresa pequeña puede copiar esa lógica a su escala, nombrando un responsable con horas reales en la agenda, aunque no pueda copiar el presupuesto.
- Cuente el coste completo antes de prometer un retorno. Incluya preparar los datos, integrar los sistemas, formar a la gente y mantener el agente en marcha, no solo la licencia. Es la diferencia entre el 37 % que nota algún efecto y el 6 % que lo nota de forma relevante.
En nuestro propio equipo, no contamos como beneficio que un agente trabaje más rápido: contamos si una tarea que antes exigía una persona entera se resuelve con menos tiempo humano una vez desplegado, y esa es la cifra que mostramos a un cliente antes de ampliar cualquier agente.